Escapada a la arribada de Baiona 2010

En Baiona, cada año se celebra la “arribada” de la Pinta, la carabela que trajo la notícia del descubrimiento de un nuevo mundo.

Este año hemos decidido volver a bajar a Baiona durante el fin de semana de la arribada. Digo “bajar” porque lo tenemos al ladito de casa, vemos su puerto desde la ventana. Durante dos días, la ciudad se viste de medieval para celebrar lo que sucedió en 1493, la llegada de la Carabela que traía la noticia del “descubrimiento”. Para conmemorarlo, representaciones teatrales en la playa, gastronomía tradicional, espectáculos y gran participación popular ya que se puede ver a la mayoría de gente vestida de época. Para mí, lo mejor, siempre, las filloas, eso que es como una crepe pero que aquí te defienden que no, que es otra cosa. Pasen y vean…

Mirades de Cargol: Atlas Marroquí, un viatge de colors

El capítulo de “Mirades de Cargol” de esta semana nos lleva al Atlas Marroquí a un viaje en busca del agua…

Hoy compartimos un nuevo episodio de este proyecto televisivo que nos ha llevado a recorrer rincones bellísimos de este mundo. Os recordamos que el programa se puede ver todos los jueves en la XTVL en Catalunya. El “Mirades de Cargol”que os presentamos hoy lo rodamos en un viaje a través del Atlas Marroquí. Durante días viajamos por las montañas, recorrimos aldeas, hablamos con su gente…y fue un viaje de colores .

En este capítulo hemos participado Raquel Galavís, Alvaro Sanz, Marc Enseñat, Ainara leGardon, Adela Batiste, David Vidal y Miquel Curanta.

Os dejo la traducción del texto al castellano:

Ya en el camino los colores del viaje se cuelan en mis pupilas haciéndome cosquillas. La luz me ciega como un fogonazo. Me despierto en blanco, soy un lienzo en el que iré grabando cada descubrimiento nuevo para mis sueños. Castillos ruinosos besando cielos de arena. Adoquines resecos mendigan agua a mis pies cansados…tengo sed!

Bebo agua y vuelvo en rojo, nunca antes había percibido marrones y ocres tan intensos! La ciudad todavía dormita al alba acunada por Morfeo cuando la encontramos, así que de puntillas, para no despertarla, escuchamos el eco de nuestros zapatos sonámbulos pasearla.

La arena siempre me saca ventaja! Miro hacia el horizonte e intento alcanzarla a lo lejos con mis ojos… la persigo una y otra vez, pero como en una carrera, ella siempre llega primero, nunca se acaba!

Vuelvo a la tierra. El desierto se ha quedado grabado en mi retina y el olor del adobe en mi alma. Escucho un eco suspendido en el ambiente, una espiritualidad devota impregna cada rincón y cada roca convirtiéndolas en orgánicas, mientras palmeras verdeadas son las únicas notas de color en este entorno colorado.

Pastores precoces me saludan: ¿me das agua?. Bebo en verde, verde cristalino mecido por el viento: verde oasis de vida y respiro en el camino; verde de alimento y abundancia.

En este lugar la vida tiene otra melodía. En este lugar la vida suena a pasado. Pero el amarillo abrasador regresa implacable, riéndose de mis esperanzas. Aquí no se puede dar nada por sentado, todo cambia según el silbido del viento…

Busco el preciado líquido en cada pista, en cada nuevo sueño. Busco este elemento más allá del final del desierto…

Hasta que este amarillo se dulcifica en dorado con la visita de la tarde. Dorado pintando colinas y colinas pintadas doradas hasta el infinito. Las montañas suspendidas se transforman en fantasmas de roca y una nebulosa hace que los rayos del sol se diluyan en grises y azulados. ¡Por fin la encuentro! ¡Agua que me baila regocijada su danza de frescura! El sueño me acosa de nuevo. Sobre una roca, espío a estos piadosos colores dirigirse a una muerte segura. Lentamente, el ahijado de Ra se va abandonando. Ya está aquí la espera azabache, la espera de silencio antes de recibirle mañana en un nuevo sueño.

Viajar con el bebé en la barriga…

Durante la etapa del embarazo uno lee libros, webs, foros… para saber qué puede y qué no puede hacer la mamá, y al final te das cuenta que hay que hacer caso únicamente al sentido común. Por eso hemos dejado de leer.

Desde que supimos que Nanook, nuestro pequeño, iba a venir al mundo decidimos no cambiar nada de nuestras vidas. Naaaaada. Simplemente habría que adaptar algunas cosas. De entrada, el pequeño iba a viajar con nosotros a cualquier lugar al que quisiéramos ir. Durante el embarazo sabíamos que todo iba a ser más lento, que habría que hacer paradas técnicas más a menudo para que la mamá descansara… pero ¿teníamos prisa por llegar a algún lugar?

Basic CMYK

Os dejo un fotomontaje con 12 instantes de Nanook y mamá en varios lugares por los que han paseado, han olido, han comido, han respirado nuevos aires…  Extremadura, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Marruecos, Cádiz, Galicia… pero lo que más le gustó al peque, de eso estoy seguro, fue montar en bicicleta por el parque Hoge Veluwe en Holanda en la semana 34!

Mirades de Cargol: Amalfi, Pomeia, Alberobello, el palpitar del Vesuvi

En este capítulo de Mirades de Cargol, conoceremos la costa de Amalfi, que tiene como protagonista pequeños templos de culturas lejanas en el tiempo.

Nuestro programa de televisión se sigue emitiendo en las teles catalanas, y nosotros os vamos poniendo los nuevos capítulos aquí para que los podáis seguir. Esta semana toca la pieza que rodamos en noviembre de 2007 en el sur de Italia. En Pompeia nos recreamos en sus texturas, sus frescos y capiteles, imaginando la vida que bullía en sus calles en otros tiempos. Incluso llegamos a imaginar el latir del volcán durante aquellos históricos minutos de fuego. Las imágenes hablan por sí solas.

Aquí tenéis el texto en castellano, escrito por Raquel…

El verano tardío se resiste a despedirse en esta mañana de Noviembre, mientras un pequeño atrevido juega en la orilla de este mediterráneo generoso. Amalfi comienza en la ladera de una montaña y se extiende hacia el cielo, buscando la luz. Templos de otras culturas salpican este luminoso decorado. En la orilla el arte de un pincel anónimo atrapa mi atención, por lo mínimo de sus trazos. El ocaso llega en violeta floreado y lo observo desde lo alto deseando ser pájaro.
Pompeya es semejante a nada. Nunca la hubiese inventado así. Como en un sueño he podido volver al pasado e imaginarme en el Teatro Píccolo recitando a Aristófanes, o en los jardines de la casa del Menandro cuidando las flores, incluso en el foro asistiendo a una asamblea popular rodeada de pretores y senadores…porque Pompeya es el pasado hecho realidad, donde está perfectamente pensado y previsto: el sistema de calefacción, el trazado de las calles en perpendicular, la distribución de las casas… De pronto una fuente en el camino me hace pensar en animales tirando de carros, reposando después de una dura jornada y en mercaderes refrescándose frente al Vesubio. En cada esquina elegantes termas ofrecen respiro y hedonismo. Unos metros mas abajo el circo reclama público mientras las fieras esperan su turno asesino. Ecos de otros tiempos, de otros universos se confunden con los ecos de mis pasos recorriendo estas cuadrículas Imperiales.
La luz pompeyana me acompaña de forma celestial mostrándome cada estancia, descubriéndome sombras orgánicas en las paredes milagrosamente resistentes al paso del tiempo. Estucados de colores favoritos engalanando las cornisas y capiteles bordados con cadenetas de hojas volcánicas alegran los pilares de este universo casi impensable. Y mientras camino, escucho historias..las historias de las vidas sepultadas bajo la lava. Vidas que nacieron, amaron, sufrieron y murieron entre estas piedras que hoy se muestran alegres de contarme sus recuerdos mientras un generoso sol italiano nos la presenta maquilladas en dorado. Así, paseando y escuchando estas voces del pasado pienso en el tiempo transcurrido, ese tiempo de los momentos en que te sientes vivo, el tiempo de los sucesos importantes, el tiempo que nos deja huella, el tiempo de las sensaciones que permanecen para siempre.
Los robles nos reclaman ya en Alberobello o Arboris Bellis, una aldea de curiosas casa circulares que debe su nombre a un bosque de ancianos “carballos”. Las preciosas construcciones autóctonas  aquí se dicen  Trulli. Encaladas en un blanco pulcrísimo aparecen perfectamente ordenadas en barrios de fábula. En sus tejados de pizarra muestran amuletos dibujados para proteger a sus moradores. Un poquito más arriba una abuelita de papel cebolla teje bufandas de colores y nos  mira desconfiada. Huelo el frío invernal que asoma después de un ocre otoño y le sonrío. Estoy preparada para recibirle…

Mirades de Cargol: Luxemburg, Fragile

Seguimos con el cuarto capítulo de nuestra serie de piezas documentales de viajes, esta vez rodada en el pequeño Luxemburgo.

Este capítulo de Mirades de Cargol nos lleva a Luxemburgo. Este pequeño país nos regala una pieza de contrastes, entre las grandes industrias del metal y sus bosques del Müllerthall. El frío y duro acero recortado sobre el cielo nos provoca sensaciones contradictorias: el caos mecánico frente al verde pacificador, lo artificioso frente a lo natural, el demoledor desarrollo industrial de nuestras sociedades frente a la fragilidad de otra vida más naturista, quizás en vías de extinción.

En este capítulo han participado Raquel Galavís, Alvaro Sanz, Javier Díez-Ena, Adela Batiste, David Vidal i Miquel Curanta.

Una vez más, aquí tenéis el texto en castellano…

Estoy tranquila; respirando; saboreando el néctar verde que me recorre entera. Rayos desviados me envuelven de tanto en tanto…sigo respirando. He nacido del fuego, del caos, de la nada y vivo eterna en cada rincón de verde, de musgo, de helecho. Llevo siglos respirando el aire de la historia, soy el pulmón del universo, la savia de la vida. Escucho el ronroneo de la tierra girando sobre si misma, el aleteo de la mariposa coqueta, el graznido del cuervo. Bebo de la lluvia dulce, de la tierra húmeda, del rocío tímido. Hablo con el reno, con el ciervo…hablo con el hombre y a veces le entiendo. Estoy tranquila en mi plácido sueño…
Un grito me despierta, un rayo, una lanza, una grieta! Sangre de mi alma brota entre mis hojas ! Jirones de mis entrañas esparcidos por el suelo. Mi verde se diluye en ocre y veo al hombre. Le hablo, pero no me entiende, no me escucha…le suplico, le ruego, le explico inútilmente…no hay acuerdo…
En duelo forzoso me retiro del acoso, pero permanezco expectante, latiente, acechante…
En mi lugar se hospeda ahora una máquina de acero. Caos mecánico ensordece mis tímpanos de seda, rasgando mis membranas en llanto de recién nacido. Chimeneas de fuego escupen veneno al cielo, que llora en grises mi ausencia, mi destierro. Se recorta el perfil de esta demoledora contra un blanco estéril… pero yo sigo latiendo a la espera, anhelando la revancha en esta guerra de desconcierto.
Pasan días, meses, años…siglos de humo, de hierro, de artificios caducos, de hombres sin sueños…..
Por fin llega el momento!El olvido me abre una puerta de reconquista de esta mi casa expropiada. Dudo a ratos, titubeo nerviosa, entro y salgo de nuevo con miedo. Encuentro mi morada cambiada, no encuentro mi suelo! Pero poco a poco gano confianza, me crezco, me refuerzo en mi alma y recupero mi predio. Mi techo azul vuelve a brillar eterno. Generoso transfunde sus lágrimas dulces a mi corazón enfermo. Empujo, crezco, salto y bailo abrazada a las piedras, en este salón de mi destierro. Y así lentamente, me recupero. Soy la frágil esperanza del mundo eterno.Soy la frágil reconquista de los niños del mañana. Soy frágil pero me siento fuerte. Soy frágil, si, pero soy tu único aliento.

Mirades de cargol: Montblanc, la gran muntanya blanca

Este capítulo de Mirades de Cargol es especial para mi, porque significó mi despedida de “no-padre”. Faltaban 3 semanas para que Nanook viniera, y me tomé mi estancia a los pies del Montblanc como una experiencia casi espiritual.

Este tercer capítulo de nuestro programa de tv Mirades de Cargol está rodado alrededor del Montblanc y Chamonix, en Francia. Durante una semana recorrí kilometros y kilometros a pie, en bicicleta… y sentí la paz en muchos momentos, en otros sentí estar rodeado de demasiada gente.

En este capítulo hemos participado Raquel Galavís, Alvaro Sanz, Ainara leGardon, Adela Batiste, David Vidal y Miquel Curanta.

Como siempre, os adjunto el texto de la voz femenina en castellano para que lo podáis seguir los no-catalanoparlantes.

Caminar. El río es nuestro bastón en el camino hacia el Mont Blanc y las rocas amontonadas nuestro guía. Su gorjeo nos sigue juguetón tentándonos cristalino, pero a 1200 metros de altura hace frío. El ascenso entre bosques, umbrío por momentos, nos regala prados que aprovechamos para descansar. Algún rayo de sol atrevido nos pregunta nuestro nombre mientras soñamos bajo un árbol solitario. Su calor nos seduce y termina de acunarnos bajo las hojas. Un poco más tarde nos sorprenden abetos frondosos que destacan por su verde navideño sobre las lomas de las enormes montañas y el celeste de su techo divino. Nubes espías vigilan nuestros pasos y le cuentan a un pájaro azabache del invierno. Le avisan de la blanca que cubre estos picos ingrávidos y le aconsejan nuevas rutas más cálidas en las que volar el invierno. Nuestras piernas patean, pisan, saltan, resbalan, flexionan y estiran un trillón de veces hasta llegar a un lago de un solo inquilino: un pájaro que aparenta perdido del resto de su bandada. La mole montañesa se mira coqueta en este espejo de agua y nos coloca en un mundo al revés. Desde allí, levantando la vista, vemos como en un espejismo el enorme chorro de agua alpina que alimenta este enorme paraje natural. La madre de la vida en este valle, hoy está helada y nos muestra toda su fuerza a menos de un metro de distancia. Pero el ascenso no ha terminado aún. Ahora trepamos rocas ayudados de bastones, jadeando y deseando llegar pronto a nuestro destino. Cansancio sano y aire fresco son nuestros compañeros en el último tramo.
Por fin, cuando creemos que no vamos a llegar nunca, el paisaje nos sorprende con un riachuelo encantado donde comernos el resto de las provisiones. Titania nos duerme de nuevo. En sueños te oigo respirar a mi lado mientras nubes grises bailan al otro lado de mis párpados callados. Después de un suspiro Oberón nos despierta silbando un viento helado que acuna la hierba. Entonces desperezo mis pupilas, me estremezco templada y le escucho aullar: ¡arriba! ¡ya es hora de despertar de este sueño de una tarde de verano!
Mi alma se despide de esta belleza acariciando los prados de este valle inmenso. Planeando en retardo me regreso al origen de este cuento, el origen de mi ascenso al mundo de los sueños.

La familia caracol en las fiestas de San Blas

Un año más, al llegar febrero, los amigos de la ONG PRADA nos reunimos en Torralba de los Frailes para celebrar con los vecinos la festividad de San Blas. La familia caracol ha hecho 900 km para llegar hasta aquí, y pasar ratos de frío, de chimenea, de calçots, de charlas eternas, de baile…

Cada vez que cruzo el letrero de Torralba de los Frailes tengo la sensación de que ahí pone Bienvenidos a casa, porque este pequeño pueblo me lleva recibiendo desde hace diez años. No importa que llegue en verano, en primavera, en febrero… sus tierras siempre son hermosas y sus campos blancos por la nieve, teñidos de amarillos girasoles o pintados del marrón de la tierra son tan fotogénicos que siempre, siempre, tengo alguna excusa para alejarme un poco por la carretera y llevarme una imagen más para mi colección. Llegamos el viernes, al mediodía, la familia caracol y mi amigo Juan con Elena, en su furgo. La casa no está fría como otras veces, Adoración nos ha encendido la chimenea para que al llegar, tengamos la sensación de calidez que ahora nos acompaña. Aparcamos nuestras casas sobre ruedas a la entrada y vamos a visitar a nuestra vecina para darle las gracias. Le traigo mermelada de kiwis, porque sé que aquí no tienen, ella me regala mermelada de calabaza, que ha hecho hace unos días, improvisando, porque aquí no puedes consultar recetas por Internet. Pero Adoración lo hace todo a ojo, y acierta, porque si vierais sus ojos sabríais que ella, y solo ella puede acertar en todo lo que haga. Poco a poco, y durante la tarde van llegando el resto de amigos, desde Madrid, desde Barcelona, Italia… y nos vamos abrazando, y descargamos comida, y bebida… porque todo el que llega, trae el coche lleno de cosas para compartir. La primera noche de las fiestas de San Blas, casi nunca vamos al baile. Tenemos tantas cosas que contar desde la última vez que nos vimos, que siempre se hacen las tantas de la madrugada al lado del fuego. A unos hace años que no veo, a otros desde este verano, cuando pasé aquí unos días, a otros no les he visto nunca… y así, poco a poco vas cambiando de silla y de conversación…

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Es sábado y el sol brilla con fuerzas aunque hace frío. Decidimos bajar al Río Piedra, a pasear. El río, casi siempre seco, baja lleno, tanto que no podemos caminar todo lo que quisiéramos porque el camino está cortado. Los perros disfrutan de lo lindo corriendo arriba y abajo, el pequeño Nanook se queda dormido colgado a mi pecho. Llega la hora de la comida, y con ella, la popular calçotada. Cada año es igual, y me encanta. La discusión sobre el mejor sistema para hacerlos; la inquietud de los nuevos por saber de dónde salen esas “cebollas”; la explicación de la técnica para comer… Este año, los calçots están especialmente buenos, y el sol acompaña, de manera que los veinte que nos hemos juntado disfrutamos mojando en la salsa y comiendo unas ricas butifarras. A la hora del postre, Adoración aparece con el tradicional roscón bendecido por San Blas que acompañamos del café y unas botellas de  orujo que he traído de Galicia.

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Torralba no sería Torralba sin las ovejas, esa imagen romántica del pastor caminando por campos de girasoles al amanecer… pero tener ovejas es duro, muy duro, y hoy acompañamos a los Aranda a una de las parideras a ver las recién nacidas. El sol se esconde, la temperatura baja en picado, es hora de volver a casa, de volver al lado del fuego y no moverse de allí hasta la hora de dormir.

El sonido lejano de los vecinos acudiendo a la plaza de la Iglesia nos despierta. Es domingo por la mañana y la popular subasta va a empezar. Cada año, alrededor de una mesa, se reúne el pueblo para pujar por diferentes objetos de más o menos valor: un cuadro, una cafetera, un cerdo, dos cabritas…es un espectáculo ver a niños y mayores gritando “30, 35, 38, 40!”

El final de la subasta marca el acto más importante de esta fiesta tradicional que se viene celebrando desde, como mínimo 1838, año en que se funda la Cofradía de San Blas. El acto es muy curioso, y tiene lugar en la pequeña sacristía de la Iglesia. El que fue “santo” el año anterior pasa lista a los posibles candidatos, siempre mozos, solteros y que no hayan sido “santos” anteriormente. Una mano inocente saca el papelito con el nombre del elegido, y en cuanto lo dice, el interior de la sacristía, donde solo un puñado de afortunados puede entrar, se convierte en una fiesta de abrazos, llantos, gritos, besos y emociones que se contagian. El afortunado grita un “Viva San Blas” con toda sus fuerzas. Algunos han esperado muchos años hasta que les ha tocado, otros, jamás han sido elegidos y esperan que sus hijos o nietos tengan mejor suerte. Es hora de salir a la calle, para que el pueblo conozca al portador del santo. La banda empieza a tocar. La gente empieza entonces a recordar anécdotas del pasado que pasan rápidamente de boca en boca: el año en que su padre fue santo, la historia del abuelo, lo que le sucedió a un hermano suyo hace años… son historias que se escriben en el libro que tiene más de dos siglos y que se custodia como uno de los mayores tesoros del pueblo. Durante un buen rato la gente danza alrededor del santo en la plaza de la Iglesia. La multitud lo quiere tocar, ya que a él se le atribuyen poderes sanadores de enfermedades de garganta y del sistema respiratorio. La tradición dice que hay que agitar al santo arriba y abajo con fuerza, y así lo hace todo el que le consigue quitar durante un rato la figura al protagonista de la jornada. Empieza entonces el pasacalle, que se alargará durante horas y horas. Los vecinos empiezan a sacar botellas de anís y licor, galletas de todo tipo que reparten los niños… son las 2 de la tarde pero nadie irá a su casas porque hoy, fiesta de San Blas, uno se olvida hasta de que es la hora de comer…

Mirades de Cargol: la Dordonya, pobles de caramel

En este segundo capítulo de “Mirades de Cargol” nos perdemos por las tierras de la Dordoña Francesa para descubrir juegos cromáticos y rutas de piedra y rocas.

Ya podéis ver el segundo capítulo de nuestro programa de televisión “Mirades de Cargol” que está emitiendo la XTVL en Catalunya. En este viaje descubriremos las tierras de la Dordoña francesa que la familia Caracol recorrió en agosto de este año.

En este capítulo hemos participado Raquel Galavís, Alvaro Sanz, Strand, Adela Batiste, David Vidal y Miquel Curanta.

Aquí tenéis el texto íntegro, escrito, como siempre por Raquel, la Sra. Caracol.

Déjame que te cuente este cuento… no, mejor déjame vivir este cuento de casas de chocolate, con ventanas de caramelo y tejados de miel…

…con estas palabras danzarinas en mi cabeza me adentro en la Dordoña Francesa dispuesta a saborear las dulzuras de esta tierra. Generosa como pocas muestra campos infinitos de fructíferos cultivos: maizales siseando al viento me recuerdan las tierras gallegas y amarillos de trigo recién arado entonan coplas de algún sur olvidado. Ciruelas maduras celebran el estío precipitándose al suelo o decorando tartas de la abuela y tarros de deliciosa mermelada casera. Los girasoles entonan su ritmo diario de giros y vueltas, mofándose de los rebaños de aletargadas ovejas. La paz recorre estos campos engalanados de verano y sembrados de pueblos encantados. Confirmo la elegancia francesa plasmada en cada visillo, en cada puerta, en cada cortina de cretona y ventana de madera, que me recuerdan a un Chabrol de cinexín antiguo. No es extraño que André Breton inmortalizase estos parajes en su obra, sin duda inspirado ante tanta belleza.

Brezo y lavanda en el camino para alentar mi olfato mientras engaño a mis piés cansados…”vamos, solo un par de pasos más, hasta aquella esquinita de flores”…pero pronto mi alma se rinde ante el irresistible frescor del río. Sumerjo mi piel caliente en este regalo de la montaña y escucho el latido de mi sangre recorriendo todos mis recuerdos… el agua siempre me evoca el pasado, propio o ajeno. Y en este divagar observo la corriente besar las rocas del fondo, acariciar mi piel cansada y mecer alguna hoja fugaz que se aleja río abajo. ¿Dónde irá tan contenta? La envidio por liviana… yo también quiero rodar con este agua que me sana el alma. Quiero descender por estos meandros descubriendo risas de niños jugando en chapoteos, pueblos del medievo y cielos de verano. Quiero vivir este cuento hasta llegar al mar y volver a empezar de nuevo. Quiero ser transparente como gota de lluvia y evaporarme despacio para poder ver todo esto desde lo alto y más tarde, cuando la tormenta te sorprenda con sus neónes de rayo, volver muy despierta y contártelo todo, mientras tú duermes a mi lado…


Mirades de Cargol: Essaouira, Castells a la sorra

“Mirades de Cargol” es un sueño hecho realidad, es un proyecto que perseguíamos hace tiempo. “Mirades de Cargol” nos permite compartir nuestros viajes con vosotros a través de vuestros televisores.

Aquí os dejamos el primer capítulo de nuestro programa de televisión “Mirades de Cargol” que está emitiendo la XTVL en Catalunya. Este primer capítulo lo rodamos en Essaouira en abril de 2008 en un viaje precioso que hicimos Raquel, Marc y yo en busca de la legendaria visita de Jimmy Hendrix. Allí, en Essaouira, descubrimos, entre otras cosas, que a los locales les encanta construir castillos en la arena, y en el aire…

En este capítulo hemos participado Raquel Galavís, Alvaro Sanz, Marc Enseñat, Ainara leGardon, Adela Batiste, David Vidal y Miquel Curanta.

Como el programa es en catalán, os dejamos aquí el texto íntegro para que lo podáis seguir.

He llegado a Essaoira buscando un mito. Unas notas punteadas de guitarra , quizás como la suya, me dirigen desde el azul y blanco de los minaretes de Diabat al mercado semanal de animales. Tal vez entre los sonidos de los animales bravos, de los hombres regateando… tal vez aquí sepa de él… Pero en este lugar no hay respuestas….
Me dirijo hacia el puerto de la “Bien guardada”. Enormes carcasas de madera regresan al despuntar el sol, después de una madrugada de fructífera captura. Gaviotas pacientes esperan los despojos que llenaran sus estómagos hambrientos. Allí pregunto a los pescadores por el escondrijo de mi héroe, pero no tienen tiempo para explicarme, atareados como están con los tesoros del immenso. Desenredan sus redes de esfuerzo con la habilidad que da el ofico de muchos años. Sus rostros surcados por el tiempo, me hablan del sol, del rebelde viento de este mar grisaceo, de la soledad de este oficio imprescriptible. Los rasgueos continúan sonando desde una época de glorias y melodías de éxtasis.
Indago entre las mujeres del Argán. Generaciones de feminas que anhelan un futuro de esperanza extrayendo el nectar de este codiciado fruto. Aceite sanador para mi espíritu con poso de hierbabuena y romero, acaricia mi piel cansada, me refresca de este calor precoz. Retomo fuerzas para continuar mi buceo en este mar de leyendas perdidas, en esta arena de castillos mitificados.
La medina me recibe con el bullicio del típico Marruecos, sus souvenirs de colores, sus artesanos hábiles con sus manos. ¡Los olores de las especias abren mi apetito! No perderse en este entramado de corredizos es un reto para mis pies cansados. Regatear los precios de estos recuerdos un logro en mi empeño. En un instante de intimidad entreveo en claroscuro los dibujos de la henna marcando la belleza de una mano anónima…¿quizás es la de él? no, no es posible…aquí solo se
dibuja a las mujeres…
Agotada, sin respuestas, dudando de la veracidad de la leyenda, me recuesto en la murralla de la protegida. El mar al otro lado es fiero, bicolor en las corrientes de las mareas, dulce y salado al mismo tiempo. Cae el sempiterno astro de mi sequía
apaciguando los sonidos de la medina, las preguntas de mi desvelo. Y cuando llega el descenso por fin comprendo el misterio: el tiempo ha diluído los castillos en la arena…ahora solo quedan las sombras de los castillos dibujadas en el aire. Son los castillos del viento. Los mitos sin fundamento…

Oporto y su río de oro

Pasear por las calles de Oporto es viajar al tiempo en que tus padres eran unos melenudos y se movían en Seiscientos.

Es sábado, y sigue lloviendo en la aldea. Decidimos probar suerte en Oporto, en la vecina Portugal. Salimos pronto y recorremos despacio los cientos de curvas que nos sacan de estos montes donde vivimos. Dejamos atrás Vilanova de Cerveira, Viana do Castelo… y llegamos a esta gran ciudad, llena de contrastes. Oporto te puede enseñar su cara más moderna y contemporánea con festivales de verano, escuelas de arte, boutiques con lo último en tendencias… pero también te puede transportar al pasado más cercano. En esta ciudad puedes sentir que has viajado al tiempo en que tus padres eran unos jóvenes melenudos que se movían en un Seiscientos.

Las calles cercanas al río están repletas de carteles que llaman la atención. En una tienda venden acordeones de italianos de importación, en otra zapatillas de estar por casa, ropa usada… los escaparates, las fachadas llenas de azulejos de colores, la cara del dependiente, la suciedad en el cristal, todo es un espectáculo y una explosión de autenticidad, tanto que cuando ves una tienda moderna con jóvenes fabricados en serie y uniformados te preguntas qué habremos hecho mal los seres humanos para acabar comprando todos salsa de tomate, pan y gel de baño en el Mercadona.

Río Duero que llega al mar en esta ciudad después de un largo viaje peninsular. Río Duero, dorado al llegar a Portugal y llamado aquí Douro. Río que da vida y que nos invita a comer junto a él en un pequeño restaurante donde presumen de hacer el mejor pulpo al horno. Río Douro, pues, que nos regala, por fin, una tarde de sol para recorrerlo observando las gaviotas, los barcos que lo recorren, las bodegas al otro lado, las parejas que se abrazan…

Volvemos a casa con la sensación de haber viajado, aunque solo haya sido por unas horas, porque hemos viajado en el tiempo.

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