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Escapada a la arribada de Baiona 2010
En Baiona, cada año se celebra la “arribada” de la Pinta, la carabela que trajo la notícia del descubrimiento de un nuevo mundo.
Este año hemos decidido volver a bajar a Baiona durante el fin de semana de la arribada. Digo “bajar” porque lo tenemos al ladito de casa, vemos su puerto desde la ventana. Durante dos días, la ciudad se viste de medieval para celebrar lo que sucedió en 1493, la llegada de la Carabela que traía la noticia del “descubrimiento”. Para conmemorarlo, representaciones teatrales en la playa, gastronomía tradicional, espectáculos y gran participación popular ya que se puede ver a la mayoría de gente vestida de época. Para mí, lo mejor, siempre, las filloas, eso que es como una crepe pero que aquí te defienden que no, que es otra cosa. Pasen y vean…
La familia caracol en las fiestas de San Blas
Un año más, al llegar febrero, los amigos de la ONG PRADA nos reunimos en Torralba de los Frailes para celebrar con los vecinos la festividad de San Blas. La familia caracol ha hecho 900 km para llegar hasta aquí, y pasar ratos de frío, de chimenea, de calçots, de charlas eternas, de baile…
Cada vez que cruzo el letrero de Torralba de los Frailes tengo la sensación de que ahí pone Bienvenidos a casa, porque este pequeño pueblo me lleva recibiendo desde hace diez años. No importa que llegue en verano, en primavera, en febrero… sus tierras siempre son hermosas y sus campos blancos por la nieve, teñidos de amarillos girasoles o pintados del marrón de la tierra son tan fotogénicos que siempre, siempre, tengo alguna excusa para alejarme un poco por la carretera y llevarme una imagen más para mi colección. Llegamos el viernes, al mediodía, la familia caracol y mi amigo Juan con Elena, en su furgo. La casa no está fría como otras veces, Adoración nos ha encendido la chimenea para que al llegar, tengamos la sensación de calidez que ahora nos acompaña. Aparcamos nuestras casas sobre ruedas a la entrada y vamos a visitar a nuestra vecina para darle las gracias. Le traigo mermelada de kiwis, porque sé que aquí no tienen, ella me regala mermelada de calabaza, que ha hecho hace unos días, improvisando, porque aquí no puedes consultar recetas por Internet. Pero Adoración lo hace todo a ojo, y acierta, porque si vierais sus ojos sabríais que ella, y solo ella puede acertar en todo lo que haga. Poco a poco, y durante la tarde van llegando el resto de amigos, desde Madrid, desde Barcelona, Italia… y nos vamos abrazando, y descargamos comida, y bebida… porque todo el que llega, trae el coche lleno de cosas para compartir. La primera noche de las fiestas de San Blas, casi nunca vamos al baile. Tenemos tantas cosas que contar desde la última vez que nos vimos, que siempre se hacen las tantas de la madrugada al lado del fuego. A unos hace años que no veo, a otros desde este verano, cuando pasé aquí unos días, a otros no les he visto nunca… y así, poco a poco vas cambiando de silla y de conversación…
Es sábado y el sol brilla con fuerzas aunque hace frío. Decidimos bajar al Río Piedra, a pasear. El río, casi siempre seco, baja lleno, tanto que no podemos caminar todo lo que quisiéramos porque el camino está cortado. Los perros disfrutan de lo lindo corriendo arriba y abajo, el pequeño Nanook se queda dormido colgado a mi pecho. Llega la hora de la comida, y con ella, la popular calçotada. Cada año es igual, y me encanta. La discusión sobre el mejor sistema para hacerlos; la inquietud de los nuevos por saber de dónde salen esas “cebollas”; la explicación de la técnica para comer… Este año, los calçots están especialmente buenos, y el sol acompaña, de manera que los veinte que nos hemos juntado disfrutamos mojando en la salsa y comiendo unas ricas butifarras. A la hora del postre, Adoración aparece con el tradicional roscón bendecido por San Blas que acompañamos del café y unas botellas de orujo que he traído de Galicia.
Torralba no sería Torralba sin las ovejas, esa imagen romántica del pastor caminando por campos de girasoles al amanecer… pero tener ovejas es duro, muy duro, y hoy acompañamos a los Aranda a una de las parideras a ver las recién nacidas. El sol se esconde, la temperatura baja en picado, es hora de volver a casa, de volver al lado del fuego y no moverse de allí hasta la hora de dormir.
El sonido lejano de los vecinos acudiendo a la plaza de la Iglesia nos despierta. Es domingo por la mañana y la popular subasta va a empezar. Cada año, alrededor de una mesa, se reúne el pueblo para pujar por diferentes objetos de más o menos valor: un cuadro, una cafetera, un cerdo, dos cabritas…es un espectáculo ver a niños y mayores gritando “30, 35, 38, 40!”
El final de la subasta marca el acto más importante de esta fiesta tradicional que se viene celebrando desde, como mínimo 1838, año en que se funda la Cofradía de San Blas. El acto es muy curioso, y tiene lugar en la pequeña sacristía de la Iglesia. El que fue “santo” el año anterior pasa lista a los posibles candidatos, siempre mozos, solteros y que no hayan sido “santos” anteriormente. Una mano inocente saca el papelito con el nombre del elegido, y en cuanto lo dice, el interior de la sacristía, donde solo un puñado de afortunados puede entrar, se convierte en una fiesta de abrazos, llantos, gritos, besos y emociones que se contagian. El afortunado grita un “Viva San Blas” con toda sus fuerzas. Algunos han esperado muchos años hasta que les ha tocado, otros, jamás han sido elegidos y esperan que sus hijos o nietos tengan mejor suerte. Es hora de salir a la calle, para que el pueblo conozca al portador del santo. La banda empieza a tocar. La gente empieza entonces a recordar anécdotas del pasado que pasan rápidamente de boca en boca: el año en que su padre fue santo, la historia del abuelo, lo que le sucedió a un hermano suyo hace años… son historias que se escriben en el libro que tiene más de dos siglos y que se custodia como uno de los mayores tesoros del pueblo. Durante un buen rato la gente danza alrededor del santo en la plaza de la Iglesia. La multitud lo quiere tocar, ya que a él se le atribuyen poderes sanadores de enfermedades de garganta y del sistema respiratorio. La tradición dice que hay que agitar al santo arriba y abajo con fuerza, y así lo hace todo el que le consigue quitar durante un rato la figura al protagonista de la jornada. Empieza entonces el pasacalle, que se alargará durante horas y horas. Los vecinos empiezan a sacar botellas de anís y licor, galletas de todo tipo que reparten los niños… son las 2 de la tarde pero nadie irá a su casas porque hoy, fiesta de San Blas, uno se olvida hasta de que es la hora de comer…
Oporto y su río de oro
Pasear por las calles de Oporto es viajar al tiempo en que tus padres eran unos melenudos y se movían en Seiscientos.
Es sábado, y sigue lloviendo en la aldea. Decidimos probar suerte en Oporto, en la vecina Portugal. Salimos pronto y recorremos despacio los cientos de curvas que nos sacan de estos montes donde vivimos. Dejamos atrás Vilanova de Cerveira, Viana do Castelo… y llegamos a esta gran ciudad, llena de contrastes. Oporto te puede enseñar su cara más moderna y contemporánea con festivales de verano, escuelas de arte, boutiques con lo último en tendencias… pero también te puede transportar al pasado más cercano. En esta ciudad puedes sentir que has viajado al tiempo en que tus padres eran unos jóvenes melenudos que se movían en un Seiscientos.
Las calles cercanas al río están repletas de carteles que llaman la atención. En una tienda venden acordeones de italianos de importación, en otra zapatillas de estar por casa, ropa usada… los escaparates, las fachadas llenas de azulejos de colores, la cara del dependiente, la suciedad en el cristal, todo es un espectáculo y una explosión de autenticidad, tanto que cuando ves una tienda moderna con jóvenes fabricados en serie y uniformados te preguntas qué habremos hecho mal los seres humanos para acabar comprando todos salsa de tomate, pan y gel de baño en el Mercadona.
Río Duero que llega al mar en esta ciudad después de un largo viaje peninsular. Río Duero, dorado al llegar a Portugal y llamado aquí Douro. Río que da vida y que nos invita a comer junto a él en un pequeño restaurante donde presumen de hacer el mejor pulpo al horno. Río Douro, pues, que nos regala, por fin, una tarde de sol para recorrerlo observando las gaviotas, los barcos que lo recorren, las bodegas al otro lado, las parejas que se abrazan…
Volvemos a casa con la sensación de haber viajado, aunque solo haya sido por unas horas, porque hemos viajado en el tiempo.
Catedrales junto al mar que no vimos la otra vez
El destino quiere traernos hasta aquí, hasta la Playa de las Catedrales de Lugo, sin haberlo decidido, al igual que hace tres años, pero ahora somos libres.
Sr. Caracol
Se acerca el frío, ha empezado el otoño, los cambios horarios nos quitan horas de luz… cogemos la autocaravana y nos lanzamos a la carretera dirección el norte de Galicia, nuestra gran desconocida. Llegamos a Alfoz, pequeña población de interior y pasamos la noche en el castillo del Castro do Ouro. Allí, totalmente solos, y acompañados como tantas otras veces por los difuntos de un cementerio cercano, oímos correr el viento entre los árboles y las piedras de este bello lugar que antaño fue una población castreña.


Coque y yo salimos a pasear por los alrededores del castillo y la iglesia. Las vistas desde aquí son especiales, y el tipo de luz me avisa de que el invierno está llegando. El can descubre un auténtico Mesón medieval, así que me tomo la libertad de prepararle un festín de “trozos de carne en salsa”, que le encantan!
Levantamos el campamento y tomamos una pequeña carretera que une Alfoz con Foz, preciosa y llena de rincones para fotografiar y perderse. Al llegar a la costa, Raquel y yo nos damos cuenta que aquí ya hemos estado. Sí, la primera vez que vine a Galicia a visitarla, cuando lo nuestro aún era una pequeña aventura que estaba condenada a terminar por culpa de esa distancia que ahora ha desaparecido para siempre. PARA SIEMPRE. Nos encanta haber acabado aquí sin haberlo decidido, mañana nuestro pequeño cumple su primer mes de vida y no podríamos estar en un lugar mejor para celebrarlo… miento, las Gorges du Tarn serían unas buenas candidatas.
Paseamos junto al mar, y descubrimos que estamos, efectivamente en “la playa de las catedrales”, un lugar conocido e indicado por señales, pero que la anterior vez omitimos, preocupados como estábamos por aprovechar cada instante juntos. Es tarde y las nubes se tiñen de azul oscuro, aprovechamos hasta el último instante de luz para pasear antes de preparar la cena. Antes de acostarnos salgo a tomar algunas imágenes nocturnas de larga exposición.


El sol entra por la ventana y asomo la cabeza entre las cortinas. La escena es preciosa y tan distinta a la imagen de anoche! Me cuesta superar la pereza, pero lo consigo. Cojo a Coque y salgo a pasear por los acantilados. Creo estar en Escocia, en las Highlands, o en Irlanda… en cualquier lugar de los que suelen compararse a Galicia. Juego con el can y le hago montones de fotografías, el pobre ya ha aprendido a posar para mí y parece entender lo que estoy haciendo. Volvemos para preparar el desayuno, como siempre con zumo de naranja, tostadas, café…





Estamos felices de dejar este lugar habiéndolo conocido un poco más, y sabiendo que ahora nos conocemos un poco más a nosotros mismos, y además somos una familia.

Chan da Lagoa, con amigos…
Hoy es la primera escapada con Nanook, que acaba de cumplir los 15 días de vida.
Sr. Caracol
Cuando en casa todo empieza a volver a la normalidad después de la llegada del nuevo miembro a la familia, recibimos la inesperada visita de nuestros amigos Jesús, Cristina, Miguel, Eli, Lagun y Diva. Después de enseñarles nuestro hogar, hacemos las maletas y nos vamos con las 3 autocaravanas cerquita de casa a pasar el día. A los útiles y cachibaches a los que ya estoy acostumbrado a llevar en la auto, añado sillitas, capazos, pañales y toallitas para una escapada corta.
Recorremos los montes preciosos y tranquilos de Chan da Lagoa, después de atravesar Baiona. Como no cabemos todos en una auto y ya empieza a hacer fresco para comer en la calle, decidimos ir a estrenar la temporada con un buen cocido gallego en un pequeño restaurante casero.
Para tomar el café, encontramos un pequeño entrante que se convierte en un fantástico mirador de toda la ría. Allí, montamos el chiringuito y rematamos la faena con un Brownie hecho por Eli acompañado de ricos cafés. Mientras, Diva, Lagun y Coque corren libres por este bello lugar en el que las vacas y los caballos salvajes comen libres siendo los únicos habitantes fijos del lugar. Desde aquí podemos ver brillar los faros de toda la costa hasta Finisterre, incluso vemos nuestra casa perdida en el monte, las vistas son únicas.
Al caer la noche, nos despedimos y volvemos a casa para darle el baño al pequeño. Nuestros amigos siguen su viaje que durará un mes por tierras portuguesas. Nosotros, esperaremos a que Nanook tenga un poco más de tiempo para hacer nuestro primer viaje largo… pero llegará, de eso no tengáis duda.



A Illa de Arousa… nuevos caminos nos esperan…
Seguramente esta sea la última escapada de la familia caracol como trío (el can también cuenta)… a partir de ahora Nanook siempre nos acompañará.
Sr. Caracol
La pequeña Illa de Arousa nos regala un paseo pos sus playitas desiertas, entre bosques con olor a pino y senderos de helechos. Es sábado, pero ya ha empezado el cole. Nadie se cruza en nuestro camino, y ni un solo bañista se baña en las decenas de playas minúsculas de este rincón de Galicia. Solo Coque, que ha descubierto un nuevo juguete, se atreve a sumergirse. Ahora, el can, además de tener su pollo para jugar en el jardín, ha encontrado un delfín para la playa…
Sabemos que este es nuestro último paseo como pareja… el próximo será como familia, y eso suena tan hermoso como la naturaleza de este pedazo de tierra… y es que nuevos caminos nos esperan…






Escapada de fin de semana a Corrubedo
Vivimos en un gran parque temático en el que cuesta encontrar la puerta de salida…
Sr. Caracol
Este fin de semana hemos vuelto a improvisar. Lo único escrito en el guión es que Raquel cuenta cuentos en la Biblioteca Municipal de Santiago, todo lo demás lo dejamos al azar. Mientras la narradora distrae al montón de niños atentos yo navego por el mapa de Galicia y busco rincones que me falten por conocer. Las dunas de Corrubedo están cerca y han sonado demasiadas veces en mis oídos como para obviarlas.
Comemos en el camino, en una sombra cerca de A Pobra do Caramiñal, y desde allí tomamos una pista que nos lleva a unas pozas solitarias en un bosque precioso. Pasamos la tarde bañándonos en el agua helada, tirando palitos a Coque para que los recoja como una nutria y ayudando a Luna en su primer día de agua. Cuando parecía imposible tanta tranquilidad empiezan a aparecer personajes extraídos de leyendas negras, cuentos oscuros y grandes-hermanos. Se acabó la paz, así que volvemos a la Pobra para hacer algunas compras y allí descubrimos que el mismo Valle Inclán tiene un museo por haber nacido cerca de allí, en Vilanova de Arousa, así que concluimos que los personajes aparecidos en el río podrían ser los mismos que inspiraron al maestro de la literatura para crear sus esperpénticos personajes.

Llegamos a las Dunas de Corrubedo, el lugar del que tanto me había hablado Raquel. Pero de aquel viaje de fin de curso con sus compañeros de clase tirándose como croquetas por las dunas no queda nada, solo el recuerdo. Ahora un paseo prefabricado de madera te lleva hasta un círculo del que no puedes salir, bajo amenaza de multa de hasta 6.000 euros. Curiosamente la Xunta no puso impedimento hasta los años 90, a la extracción de tierra de las dunas para fabricar casas. Sin embargo ahora no te dejan más que hacer una foto para el recuerdo. Me pregunto si vale la pena tanto cutrismo prefabricado, tantas pasarelas que nos llevan como borregos a ver las invenciones mágicas de la madre naturaleza, tanta prohibición. Por suerte, en Galicia, aún no te cobran por sentirte un borrego idiota.

Poco a poco la noche va cayendo y casi a las 23.00 oscurece del todo. Estamos en una de los días más largos del año y por suerte nos hemos quedado solos en este tranquilo lugar. La cena se alarga con charlas y masajes en los pies, hasta que nuestras sospechas se cumplen, ese lugar es el perfecto paraíso para los que salen de noche con sus coches tuneados a poner música “chumba chumba” a toda pastilla. La tortura dura poco: lo que dura un porro, una versión apestosa de Judy Garland o un polvo sin amor. Esto si que tendría que estar prohibido y perseguido.
Si el día es uno de los más largos del año, por ende, la noche se hace corta. Madrugamos para visitar el Dolmen de Axeitos. Yo, inculto en materias de historia, me pregunto, si los ancestros hombres del neolítico o del loquesealítico descubrieron este bello lugar, sus bosques, sus energías y decidieron pasarse meses arrastrando pedrolos, amontonándolos y haciendo rituales extraños, ¿por qué narices a un puñetero técnico de un ayuntamiento se le ocurre poner en un momento 20 bancos mirando a ninguna parte; cuatro balancines con forma de tortuga y caballo; un tobogán estúpido y un parking de autocares? A eso se le llama ¿”acercar la historia a la gente”? Lo siento, no lo soporto. Soñaría con haberme visto obligado a caminar durante media hora, arrastrando ramas y pinchándome las piernas para poder ver este monumento, esta extraña creación, sobre la cual todavía no hay acuerdo acerca de su función.

Tomamos la pequeña carretera que nos lleva al faro de Corrubedo y desde allí nos perdemos por una pista que nos traslada a una de las mejores playas que he pisado. El agua cristalina, la temperatura perfecta y la única compañía de 2 parejas de surferos… por suerte, nada es demasiado importante en este lugar como para hacer una pasarela, colgar cuatro columpios y más tarde prohibirme pisar la arena. Encontrar estos paraísos es una de las razones que me mueven a viajar…


Sensaciones desde las Fragas del Eume
Las Fragas del Eume se convierten por unos días en centro neurálgico de la familia caracol. Desde aquí contaremos cuentos, haremos talleres de fotografía para jóvenes, rodaremos para la televisión y conoceremos a Luna…
Sr. Caracol
La famosa y pesada crisis no parece haber llegado al mundo caracol, o quizás venga, pero a su ritmo… La semana empieza en Bueu, en el museo Massó, es viernes, y hoy Raquel contará las historias de la malvada Babayaga a los más peques en un pequeño rincón de este espacio dedicado a la pesca tradicional. El cielo está gris, y me preocupa, no por los cuentos, sino porque a partir de mañana empiezo a rodar imágenes para un proyecto televisivo y necesito luz, mucha luz.

El sábado recorremos un puñado de kilometros ya que Raquel tiene cita en la Bibioteca de Santiago de Compostela, donde un grupito de rapaces atiende con los ojos bien abiertos a sus narraciones, mientras yo preparo la ruta a seguir. (más en cuentoscontos)
La autocaravana toma rumbo al Monasterio de Monfero, de más de diez siglos de historia, que nos invita a preparar una fideuá mientras observamos el avance de la tormenta. Un poquito más arriba del monasterio, una pista conduce hacia la ermita de As Eiras. El camino está plagado de hermosas flores que emiten una luz amarilla respladeciente a pesar de la ausencia de sol. Raquel me explica que son tojos, una planta de la que tantas veces me había hablado… Al final del camino, un pequeño embarcadero de kayaks espera la llegada de mejor tiempo para pasear por el río Eume. La Sra. Caracol se cansa más de lo normal, y es que Nanook acaba de cumplir 20 semanas… me paro en varios puntos a filmar detalles de plantas, desenfoques entre hojas y reflejos en el agua. Aprovecho la luz suave que da el cielo encapotado para hacer macros y evito al máximo planos generales de cielos y paisajes abiertos.


Dormimos al lado de Armada do Cando, una de esas cientos de aldeas gallegas que no aparecen en el navegador, ni en los mapas, pero que surgen en medio del camino y te invitan a detener tu casa ambulante para pasar una noche y escuchar los sueños que habitaron sus paredes hace siglos…
Madrugamos, como siempre que estoy trabajando y nos perdemos por pistas de este Parque Natural de las Fragas del Eume. O Regueiro, A Torre y Queixeiro nos acompañan hasta el Castillo de Andrade, un pequeño torreón de vigilancia, desde el cual se contempla perfectamente Pontedeume y la desembocadura del río que le da nombre. Los campesinos de los alrededores, todavía cuentan que entre las paredes del castillo habitan las almas de una joven pareja que fue encerrada hace siglos por el alcaide del lugar.
Pasamos la tarde en la playa de Pontedeume, paseando y tomando algunas imágenes del atardecer, hasta la hora de dormir. Mañana nos espera una jornada larga en el interior de las Fragas, siguiendo el curso del río hasta el Monasterio de Caaveiro.
Siempre que visitamos Las Fragas del Eume percibimos esa extraña sensación de adentrarnos en un lugar húmedo, fresco y a veces gris. Pero esta vez además, descubriremos la luz filtrándose entre robles, fresnos y castaños. Después de varias jornadas de cielo plomizo, por fin, parece que nos deja salir a buscar planos, a andar por los caminos, a respirar aire fresco…
Al atardecer dejamos la zona de las Fragas y recorremos una treintena de kilometros hasta llegar al Monte de Forgoselo, un pequeño espacio al que llegamos hace un año perdidos en la noche. Allí, decenas de vacas y caballos salvajes comen y duermen, mientras unos molinos de viento agitan el aire que circula despacio en este lugar, antaño visitado por hombres prehistóricos. Disfruto como un niño grabando caballos desenfocados a contraluz mientras el sol cae en el mar a poca distancia de aquí. Deseo que se pare el tiempo, que se congele esta luz, este olor, esta temperatura, esta compañía que tengo que cada día es más querida. Pero cae la noche y todo vuelve a su sitio, el ciclo continúa. Es hora de dormir, de esperar que cada día me ofrezca momentos de felicidad absoluta como estos, mientras trabajo sin darme cuenta, haciendo lo que más me gusta en este mundo.


Hoy nos despertamos en este paraíso y los placeres que sentí ayer, los redescubro invertidos. El sol aparece sobre los montes, los animales salvajes vuelven a aparecer perdidos entre riachuelos. Doy pasos lentamente con los brazos abiertos en son de paz, pues hay machos con cuernos que podrían dejarme K.O. en un segundo. Como en una película, me doy cuenta de que me he alejado demasiado de la casa caracol, y veo a Raquel que sale por la puerta, recién levantada haciéndome señales. El zumo de naranja y las tostadas de mermelada de fresa y gengibre que hice la semana pasada están preparadas. Sigo soñando… y me despierto para descubrir que todo es real…

Ahora toca cambiar totalmente de registro, en Sada, al lado de la Coruña, me esperan 50 jóvenes del Instituto Isaac Díaz Pardo para que les de una charla/taller sobre fotografía. Disfruto durante dos horas contándoles la técnica mientras les enseño algunas de las imágenes que he tomado en distintos viajes y resuelvo sus dudas, sus inquietudes… y vuelvo a sentirme el tipo más afortunado del mundo.
Por la noche, de madrugada, asistimos al concierto de Peter Broderick, para tomar algunas imágenes para TeleVigo. Elvis Costello decía que “no se puede hablar de música, al igual que no se puede bailar la arquitectura”. Efectivamente, son lenguajes distintos y a veces, lo sublime no tiene palabras. Por favor, buscad a este músico, artista, compositor, genio, poliinstrumentista… que nos firmó un disco para el pequeño Nanook.
Ya de camino a casa, mientras hacíamos balance de los cuatro días tan completos que habíamos tenido, en una curva apareció una perrita pequeña, perdida, y decidimos parar. Siempre vemos cientos de perros de aldea, caminando al borde de la carretera, pero ésta andaba perdida. La tomamos con nosotros, la llevamos a casa, la duchamos, le dimos de comer… y ya os contaremos como acabó la historia otro día, son demasiadas cosas para digerir.


Escapada a Chiclana
Sr. Caracol
Semanas repletas de trabajo nos ahogan antes de la llegada del verano, por suerte estas obligaciones hacen que el caracol tenga que desplazarse, y el despacho móvil se convierte en una mezcla de ocio y responsabilidades difíciles de distinguir.
Esta semana ha sido de las más completas que hemos tenido desde nuestra instalación definitiva en Galicia. La Sra. Caracol ha hecho 9 actuaciones en 5 días y el Sr. Caracol recibe propuestas laborales por todas partes. Por desgracia todo el mundo quiere las cosas acabadas antes del verano. Y dentro de esta vorágine y caos, a veces el guión dice que hay que desplazarse para rodar, fotografiar o actuar en lugares lejanos y exóticos. Esta vez nos desplazamos hasta Chiclana de la Frontera para pasar unos días de trabajos simpáticos y amigables.






Filloas en Baiona
El domingo por la tarde nos demostramos una vez más que a veces, cerca de casa, tenemos lugares y actividades interesantes de las que disfrutar.
Sr. Caracol
En Baiona se celebra cada año la “Arribada” en la que se conmemora la llegada de la carabela “La Pinta” a su puerto para dar la noticia del “descubrimento” de América. La ciudad se convierte en un gran mercado medieval, y uno de los rincones en los que la Sra. Caracol y yo pasamos un rato fue delante del puesto de “filloas” una especie de crepes de estas tierras. Nos quedamos un rato escogiendo potes de mermelada casera y charlando con el chef, capaz de freirlas de 12 en 12. Todo un arte!








































