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Mirades de Cargol: Atlas Marroquí, un viatge de colors
El capítulo de “Mirades de Cargol” de esta semana nos lleva al Atlas Marroquí a un viaje en busca del agua…
Hoy compartimos un nuevo episodio de este proyecto televisivo que nos ha llevado a recorrer rincones bellísimos de este mundo. Os recordamos que el programa se puede ver todos los jueves en la XTVL en Catalunya. El “Mirades de Cargol”que os presentamos hoy lo rodamos en un viaje a través del Atlas Marroquí. Durante días viajamos por las montañas, recorrimos aldeas, hablamos con su gente…y fue un viaje de colores .
En este capítulo hemos participado Raquel Galavís, Alvaro Sanz, Marc Enseñat, Ainara leGardon, Adela Batiste, David Vidal y Miquel Curanta.
Os dejo la traducción del texto al castellano:
Ya en el camino los colores del viaje se cuelan en mis pupilas haciéndome cosquillas. La luz me ciega como un fogonazo. Me despierto en blanco, soy un lienzo en el que iré grabando cada descubrimiento nuevo para mis sueños. Castillos ruinosos besando cielos de arena. Adoquines resecos mendigan agua a mis pies cansados…tengo sed!Bebo agua y vuelvo en rojo, nunca antes había percibido marrones y ocres tan intensos! La ciudad todavía dormita al alba acunada por Morfeo cuando la encontramos, así que de puntillas, para no despertarla, escuchamos el eco de nuestros zapatos sonámbulos pasearla.
La arena siempre me saca ventaja! Miro hacia el horizonte e intento alcanzarla a lo lejos con mis ojos… la persigo una y otra vez, pero como en una carrera, ella siempre llega primero, nunca se acaba!
Vuelvo a la tierra. El desierto se ha quedado grabado en mi retina y el olor del adobe en mi alma. Escucho un eco suspendido en el ambiente, una espiritualidad devota impregna cada rincón y cada roca convirtiéndolas en orgánicas, mientras palmeras verdeadas son las únicas notas de color en este entorno colorado.
Pastores precoces me saludan: ¿me das agua?. Bebo en verde, verde cristalino mecido por el viento: verde oasis de vida y respiro en el camino; verde de alimento y abundancia.
En este lugar la vida tiene otra melodía. En este lugar la vida suena a pasado. Pero el amarillo abrasador regresa implacable, riéndose de mis esperanzas. Aquí no se puede dar nada por sentado, todo cambia según el silbido del viento…
Busco el preciado líquido en cada pista, en cada nuevo sueño. Busco este elemento más allá del final del desierto…
Hasta que este amarillo se dulcifica en dorado con la visita de la tarde. Dorado pintando colinas y colinas pintadas doradas hasta el infinito. Las montañas suspendidas se transforman en fantasmas de roca y una nebulosa hace que los rayos del sol se diluyan en grises y azulados. ¡Por fin la encuentro! ¡Agua que me baila regocijada su danza de frescura! El sueño me acosa de nuevo. Sobre una roca, espío a estos piadosos colores dirigirse a una muerte segura. Lentamente, el ahijado de Ra se va abandonando. Ya está aquí la espera azabache, la espera de silencio antes de recibirle mañana en un nuevo sueño.
Viajar con el bebé en la barriga…
Durante la etapa del embarazo uno lee libros, webs, foros… para saber qué puede y qué no puede hacer la mamá, y al final te das cuenta que hay que hacer caso únicamente al sentido común. Por eso hemos dejado de leer.
Desde que supimos que Nanook, nuestro pequeño, iba a venir al mundo decidimos no cambiar nada de nuestras vidas. Naaaaada. Simplemente habría que adaptar algunas cosas. De entrada, el pequeño iba a viajar con nosotros a cualquier lugar al que quisiéramos ir. Durante el embarazo sabíamos que todo iba a ser más lento, que habría que hacer paradas técnicas más a menudo para que la mamá descansara… pero ¿teníamos prisa por llegar a algún lugar?
Os dejo un fotomontaje con 12 instantes de Nanook y mamá en varios lugares por los que han paseado, han olido, han comido, han respirado nuevos aires… Extremadura, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Marruecos, Cádiz, Galicia… pero lo que más le gustó al peque, de eso estoy seguro, fue montar en bicicleta por el parque Hoge Veluwe en Holanda en la semana 34!
Mirades de Cargol: Luxemburg, Fragile
Seguimos con el cuarto capítulo de nuestra serie de piezas documentales de viajes, esta vez rodada en el pequeño Luxemburgo.
Este capítulo de Mirades de Cargol nos lleva a Luxemburgo. Este pequeño país nos regala una pieza de contrastes, entre las grandes industrias del metal y sus bosques del Müllerthall. El frío y duro acero recortado sobre el cielo nos provoca sensaciones contradictorias: el caos mecánico frente al verde pacificador, lo artificioso frente a lo natural, el demoledor desarrollo industrial de nuestras sociedades frente a la fragilidad de otra vida más naturista, quizás en vías de extinción.
En este capítulo han participado Raquel Galavís, Alvaro Sanz, Javier Díez-Ena, Adela Batiste, David Vidal i Miquel Curanta.
Una vez más, aquí tenéis el texto en castellano…
Mirades de cargol: Montblanc, la gran muntanya blanca
Este capítulo de Mirades de Cargol es especial para mi, porque significó mi despedida de “no-padre”. Faltaban 3 semanas para que Nanook viniera, y me tomé mi estancia a los pies del Montblanc como una experiencia casi espiritual.
Este tercer capítulo de nuestro programa de tv Mirades de Cargol está rodado alrededor del Montblanc y Chamonix, en Francia. Durante una semana recorrí kilometros y kilometros a pie, en bicicleta… y sentí la paz en muchos momentos, en otros sentí estar rodeado de demasiada gente.
En este capítulo hemos participado Raquel Galavís, Alvaro Sanz, Ainara leGardon, Adela Batiste, David Vidal y Miquel Curanta.
Como siempre, os adjunto el texto de la voz femenina en castellano para que lo podáis seguir los no-catalanoparlantes.
Caminar. El río es nuestro bastón en el camino hacia el Mont Blanc y las rocas amontonadas nuestro guía. Su gorjeo nos sigue juguetón tentándonos cristalino, pero a 1200 metros de altura hace frío. El ascenso entre bosques, umbrío por momentos, nos regala prados que aprovechamos para descansar. Algún rayo de sol atrevido nos pregunta nuestro nombre mientras soñamos bajo un árbol solitario. Su calor nos seduce y termina de acunarnos bajo las hojas. Un poco más tarde nos sorprenden abetos frondosos que destacan por su verde navideño sobre las lomas de las enormes montañas y el celeste de su techo divino. Nubes espías vigilan nuestros pasos y le cuentan a un pájaro azabache del invierno. Le avisan de la blanca que cubre estos picos ingrávidos y le aconsejan nuevas rutas más cálidas en las que volar el invierno. Nuestras piernas patean, pisan, saltan, resbalan, flexionan y estiran un trillón de veces hasta llegar a un lago de un solo inquilino: un pájaro que aparenta perdido del resto de su bandada. La mole montañesa se mira coqueta en este espejo de agua y nos coloca en un mundo al revés. Desde allí, levantando la vista, vemos como en un espejismo el enorme chorro de agua alpina que alimenta este enorme paraje natural. La madre de la vida en este valle, hoy está helada y nos muestra toda su fuerza a menos de un metro de distancia. Pero el ascenso no ha terminado aún. Ahora trepamos rocas ayudados de bastones, jadeando y deseando llegar pronto a nuestro destino. Cansancio sano y aire fresco son nuestros compañeros en el último tramo. Por fin, cuando creemos que no vamos a llegar nunca, el paisaje nos sorprende con un riachuelo encantado donde comernos el resto de las provisiones. Titania nos duerme de nuevo. En sueños te oigo respirar a mi lado mientras nubes grises bailan al otro lado de mis párpados callados. Después de un suspiro Oberón nos despierta silbando un viento helado que acuna la hierba. Entonces desperezo mis pupilas, me estremezco templada y le escucho aullar: ¡arriba! ¡ya es hora de despertar de este sueño de una tarde de verano! Mi alma se despide de esta belleza acariciando los prados de este valle inmenso. Planeando en retardo me regreso al origen de este cuento, el origen de mi ascenso al mundo de los sueños.Mirades de Cargol: la Dordonya, pobles de caramel
En este segundo capítulo de “Mirades de Cargol” nos perdemos por las tierras de la Dordoña Francesa para descubrir juegos cromáticos y rutas de piedra y rocas.
Ya podéis ver el segundo capítulo de nuestro programa de televisión “Mirades de Cargol” que está emitiendo la XTVL en Catalunya. En este viaje descubriremos las tierras de la Dordoña francesa que la familia Caracol recorrió en agosto de este año.
En este capítulo hemos participado Raquel Galavís, Alvaro Sanz, Strand, Adela Batiste, David Vidal y Miquel Curanta.
Aquí tenéis el texto íntegro, escrito, como siempre por Raquel, la Sra. Caracol.
Déjame que te cuente este cuento… no, mejor déjame vivir este cuento de casas de chocolate, con ventanas de caramelo y tejados de miel……con estas palabras danzarinas en mi cabeza me adentro en la Dordoña Francesa dispuesta a saborear las dulzuras de esta tierra. Generosa como pocas muestra campos infinitos de fructíferos cultivos: maizales siseando al viento me recuerdan las tierras gallegas y amarillos de trigo recién arado entonan coplas de algún sur olvidado. Ciruelas maduras celebran el estío precipitándose al suelo o decorando tartas de la abuela y tarros de deliciosa mermelada casera. Los girasoles entonan su ritmo diario de giros y vueltas, mofándose de los rebaños de aletargadas ovejas. La paz recorre estos campos engalanados de verano y sembrados de pueblos encantados. Confirmo la elegancia francesa plasmada en cada visillo, en cada puerta, en cada cortina de cretona y ventana de madera, que me recuerdan a un Chabrol de cinexín antiguo. No es extraño que André Breton inmortalizase estos parajes en su obra, sin duda inspirado ante tanta belleza.
Brezo y lavanda en el camino para alentar mi olfato mientras engaño a mis piés cansados…”vamos, solo un par de pasos más, hasta aquella esquinita de flores”…pero pronto mi alma se rinde ante el irresistible frescor del río. Sumerjo mi piel caliente en este regalo de la montaña y escucho el latido de mi sangre recorriendo todos mis recuerdos… el agua siempre me evoca el pasado, propio o ajeno. Y en este divagar observo la corriente besar las rocas del fondo, acariciar mi piel cansada y mecer alguna hoja fugaz que se aleja río abajo. ¿Dónde irá tan contenta? La envidio por liviana… yo también quiero rodar con este agua que me sana el alma. Quiero descender por estos meandros descubriendo risas de niños jugando en chapoteos, pueblos del medievo y cielos de verano. Quiero vivir este cuento hasta llegar al mar y volver a empezar de nuevo. Quiero ser transparente como gota de lluvia y evaporarme despacio para poder ver todo esto desde lo alto y más tarde, cuando la tormenta te sorprenda con sus neónes de rayo, volver muy despierta y contártelo todo, mientras tú duermes a mi lado…
Hemos ganado el concurso En Construcción de TVE
Esta semana nos ha llegado una buena noticia desde TVE. Hemos ganado el concurso del programa En Construcción de la 2.
Sr. Caracol
La pieza ganadora ha sido “Grècia és meravellòs, veritat?” un experimento audiovisual que hicimos Raquel y yo en Grecia durante nuestro viaje en 2007. Allí, recibimos un mail de nuestro amigo Pepo que acababa preguntando si Grecia era maravilloso, y pensé que no era tanto como nos lo venden en las guías y las revistas de viajes. Decidimos darle una respuesta en formato audiovisual, así que improvisamos en este hotel abandonado en la costa del Cabo Sounio.
Grabamos por la mañana, montamos al mediodía, locutamos por la tarde e hicimos la pospo por la noche. Todo en una jornada. La música es de nuestra amiga Ainara leGardon y los textos son fragmentos de lo que Raquel había ido escribiendo en el blog www.miradasdecaracol.com durante ese viaje…
Ahora el corto se va a proyectar en el Teatro Arriaga de Bilbao el día 25 a las 22:30 en el marco del Zinebi y también en el Centro Cultural de Villamonte (Getxo) el día 23 a las 19:30.
Experimental*Grècia és meravellòs, veritat? from alvarodzero on Vimeo.
Juegos de luz y color…
Estoy en el aeropuerto de Amsterdam, sentado en la auto, y la verdad, viajar en solitario puede tener su gracia, pero cuando tienes la compañera de viajes que yo tengo, no le encuentro ninguna.
Sr. Caracol
Después de dejar a Raquel en el avión de vuelta a casa, decido poner Ronchamp como próximo destino. Allí estuve hace más de diez años con un viaje cultural de la universidad y me fascino la obra de Le Corbusier, y creo que dará juego para grabarlo. El viaje se hace largo y pesado. De repente no tengo nadie con quien compartir dudas, paradas técnicas, risas o canciones. Me tendré que acostumbrar, me quedan 13 días en soledad.
Por fin llego a Ronchamp. Lo primero que hago, aunque el sol se está poniendo y sé que estará cerrado, es subir a ver la obra del gran arquitecto: la Chapelle de Notre-Dame du Haut. Tengo dudas, de si la habrán quitado, de si habrán hecho pareados alrededor… pero no, claro, estamos en Francia, y no en España. Sigue tal como fue concebida hace más de 50 años, presidiendo la colina de Bourlémont… pura como una virgen a la que está dedicada.
Busco un lugar para dormir, y un pequeño lago cercano a Ronchamp me da la bienvenida.

Amanezco a las 7 de la mañana y paseo por el lago haciendo algunas fotos esperando la hora en la que la Chapelle abra sus puertas de luz y color.
Llega el momento y lo vivo con más intensidad que la vez anterior. Todo me parece demasiado perfecto como para ser de cemento y hormigón. Todo me parece demasiado terrenal como para ser un lugar divino. Paso más de 4 horas entrando y saliendo de la pequeña iglesia, cada momento es distinto, y podría pasar allí el resto del día, pero la llegada de un autobús de italianos me hace salir de allí. Comparto con vosotros algunas de las fotografías que he hecho, y si no os importa yo voy avanzando hacia Suiza, porque otro gigante blanco me espera, el Mont-Blanc.







El norte de Holanda
Lo mejor de no tener calendarios, ni días, ni horas es el sentimiento de que tu vida no está ordenada, no sigue una pauta fija. Es importante no mirar la televisión, ni leer periódicos durante meses para sentir esa sensación de absoluta libertad, de que flotas en el espacio, y en el tiempo.
Sr. Caracol
Hoy toca mirar el calendario porque Raquel coge el avión de vuelta a casa el día 18, y de repente nos damos cuenta que hemos avanzado casi tres días. Compro un mapa detallado de Holanda en una gasolinera y decidimos subir hacia Marken. No tenemos ninguna referencia, más que está al norte de Amsterdam, tiene mar, un faro…
Estoy seguro que es un destino conocido, que lo recomiendan en todas las guías, en los foros… pero uno se siente afortunado cuando aparece en un lugar mágico por sorpresa. Este es el caso de este pequeño pueblo, repleto de casas de madera que recuerdan a las de Finlandia, Suecia… pero es que realmente son casi vecinos. Paseamos por sus calles con los últimos rayos de luz y adoramos la dedicación de toda esta gente sus jardines, a sus ventanas… es un constante en este viaje, ver que las casas se convierten en pequeños escaparates donde los vecinos muestran su refinado gusto a los visitantes. Me pregunto qué verán en Salou o en Benidorm para que huyan de sus preciosos pueblos cada verano.


Cojo la bicicleta para llegar hasta el faro y tengo que mirar al suelo para no comerme los cientos de mosquitos que invaden el aire. El sol se pone a mis espaldas e imagino la vida del farero…
Buscamos un lugar para dormir y acabamos encontrando uno en en Monickendam, un parquecito junto al mar, tranquilo, resguardado y en el que encontramos 4 furgos de un grupo de vascos que han venido a pasar unos días en familia. Compartimos destinos, experiencias y simulamos entre risas un parto prematuro de Raquel en ese mismo momento. En cuanto uno de ellos saca los pulpos y un par de pinzas metálicas sé que mi pequeñín no puede nacer ahora.
Si el lugar era tranquilo, más tranquilo es al saber que dormimos con buena gente alrededor… Por la mañana ponemos rumbo al norte, costeando. Subimos por pueblos que antaño fueron la entrada de maderas del norte de Europa, mucho antes de que Amsterdam fuera un puerto importante. En Hoorn disfrutamos con la arquitectura pero no nos detenemos porque son fiestas mayores, y como en todas partes, los autos de choque con Camela en versión holandés y las muñecas chochonas invaden el lugar. Seguimos hasta la punta de Oosterdijk y paramos a comer en su faro. Hay una importantísima regata y cientos de barcos antiguos surcan el mar. A la vuelta hacia Monickendam nos detenemos en Edam, de donde sale el famoso queso. Debo decir, que después de degustar un ejemplar en una tienda tradicional y ver el precio, llegamos a la conclusión que el del Mercadona esta mejor.

Hemos dormido en el mismo lugar que ayer, con el grupo de vascos. La despedida dura casi una hora de charlas, pero por fin, aparecemos en Amsterdam. Es nuestro último día de vacaciones en pareja. A partir de ahora, la familia crece y durante mucho tiempo tendremos que andar detrás de un cochecito, cambiar pañales…
Quizás Amsterdam no es el mejor sitio para hacer la despedida, pero el avión sale de aquí, y no de un bosque de Valonia, o del Parque de Hoge Valuwe. Sabéis los que nos seguís, que no somos amantes de las ciudades, y Amsterdam no nos ofrece nada, absolutamente nada que no hayamos visto en Marken, Redu, o cualquier pueblo de los cientos que hemos visto durante estos 20 días. Así que Raquel decide que vayamos al grano y hagamos la ruta turística clásica de Coffe Shops y Barrio Rojo, o dicho de otra forma, la ruta de la marihuana y de las putas en vitrinas. La gracia para los astemios dura solo veinte minutos, así que volvemos a la auto a descansar y a dedicarnos un poco de tiempo. Mañana el avión sale temprano.

En el Parque Natural de Hoge Veluwe
De mi visita hace 13 años al parque de Hoge Veluwe, solo recuerdo los cuadros de Van Gogh del Museo Kroller Müller. Vinimos aquí con la Universidad y creo que no disfrutamos demasiado de este paraíso natural, porque no lo recuerdo. Por suerte, siempre están las segundas partes.
Sr. Caracol
Desde Gante, en Bélgica, ponemos rumbo directo al Parque Natural de Hoge Veluwe, cerca de Otterlo. Después de gestiones que se alargan casi dos horas, conseguimos entrar con licencia absoluta para filmar y fotografiar lo que queramos. Además, nos ahorramos los más de 30 euros que nos tocaría pagar por pasar con la auto. La única opción para pernoctar en el interior del recinto y así poder madrugar para filmar es aceptar la propuesta “camping”, que siempre evitamos. Por suerte, es tranquilo y bastante integrado en la naturaleza. Dedicamos la tarde a hacer un reconocimiento de todas las pistas, carreteras, torres de avistamiento de animales… mañana debemos aprovechar la jornada al máximo y trabajar desde primera hora, antes de que abran las puertas al público y el entorno esté lleno de gente. No es que le tenga tanta manía a la especie humana, es que en lo que estamos filmando no pueden aparecer personas…

Después de ver Mistery Train, del gran Jarmusch, nos dormimos como dos niños pensando en la jornada de mañana, en bicicleta.
Si algo tiene de especial Holanda es la cultura por este vehículo, que lo encuentras en todas partes. El parque tiene 1700 que los usuarios pueden coger de forma gratuita para desplazarse de un lugar a otro. Es divertido ver a toda la gente paseando con las clásicas bicicletas blancas, y más divertido es encontrarlas abandonadas en bosques perdidos, o en lugares demasiado lejanos como para volver pedaleando.

El despertador suena a las 6.30 y nos preparamos para la excursión. Mientras Raquel acaba de prepararse, me acerco al parking de bicis para buscar un buen ejemplar para “mujer embarazada que no puede abrir las piernas”. El sol ilumina con toda sus fuerzas los arbustos, las dunas, los bosques… Hacemos paradas cada poco tiempo para que Raquel recupere el aliento. La barriga con el pequeño dentro pesa demasiado en este octavo mes de embarazo. Durante las paradas jugamos a imaginar las historias de las personas-abandona-bicicletas


Después de 16km de caminitos, llegamos de nuevo a la auto. Descansamos durante dos horas y vamos al museo. Allí, debo pedir otra autorización para filmar, pero no es ningún problema. La embarazadita convence a todos los hombres que se le ponen delante, ya además le dejan entrar gratis. Yo, tengo que pagar. Pero no me importa, el Kröller Muller tiene una colección de Arte Moderno que se puede ver en pocos sitios. Todos los Van Goghs, Légers, Dubuffets, Mondrian, Van Doesburg… que estudié durante la carrera están aquí, así que los 7 euros de la entrada no pesan.


Os contaré algo que a Raquel no le gusta que os diga… la he llevado en una sillita de ruedas por el museo. Tenía los pies tan hinchados de la excursión en bici, que he pedido una silla al señor de seguridad y me ha traído una. Es perfecto! os recomiendo que lo hagáis siempre que podáis, en museos, en el super… y sobre todo en el Ikea. Sientas a tu mujer, novia o amiga-con-derecho-a-roce y la llevas a tu ritmo… me he saltado toda la sala de los neoclásicos y la época más oscura de Van Gogh, que no me atraen demasiado. Suena machista, lo sé, pero estoy seguro que ellas piensan lo mismo cuando entramos en el Media Markt.
Después de recorrer el inmenso jardín de esculturas, decidimos dar por terminada la visita al parque, y ponemos rumbo al norte. Raquel debe coger el avión dentro de tres días, y esta va a ser nuestra despedida de pareja sin niños! Pronto os cuento más.







Bélgica, región de Wallonie
Si tengo que escoger entre perderme entre libros o luchar con las fieras, elijo lo primero.
Sr. Caracol
Por suerte, las etapas de distancias largas ya han terminado, ahora tocan unas cuantas jornadas de cortos recorridos. Sin darnos cuenta, llegamos a Bélgica y Saint Hubert, nuestro primer destino, parece amable. Encontramos un sitio encantador para dormir a las puertas de uno de los bosques. No hay ni un alma. La noche es tranquila.
Por la mañana, decidimos que lo más práctico será que yo vaya con la bicicleta de montaña siguiendo unas pistas señalizadas, y así seguramente podré grabar escenas interesantes, mientras Raquel descansa. Esta región está llena de senderos, y si uno es paciente puede ver ciervos, jabalíes y algunas otras fieras. Yo no debo ser demasiado, ya que durante 2 horas y 20km solo he visto la rueda de mi bicicleta. Por el camino, hago paradas para grabar algunos detalles, pero da tanta pereza bajar de la bici, sacar la cámara, plantar el trípode, encuadrar, enfocar… que me lo tengo que pensar dos veces antes de hacer un plano. En Fourneau de St. Michel encuentro unos señores franceses que muy amablemente me dejan su gps, me localizo (porque hasta entonces estaba totalmente perdido) y le envío las coordenadas a Raquel por SMS para que me venga a buscar. Mientras llega, disfruto del lugar.

Después de comer, y tumbarnos un rato al solete en la hierba, decidimos partir hacia Redu, un pequeño pueblo del que solo sabemos que está lleno de diminutas librerías. Al llegar, comprendemos la fama de este lugar de papel. Paseamos por decenas de tiendecitas con libros de todo tipo y en todos los idiomas. Raquel se vuelve loca con los ejemplares de decoración franceses y yo me pierdo con algunas revistas de fotografía y super8 de los años 70. En un pequeño comercio que antaño fue una imprenta, compramos caracteres de madera y plomo en diferentes tipografías. Raquel encuentra un rinconcito lleno de mapas del siglo pasado de los que se utilizaban en los colegios, y nos hacemos con 3 ejemplares enormes.




Salimos de allí antes de llenar la autocaravana de pequeños souvenires y hacemos una bonita excursión hasta Daverdisse, un pequeño pueblo en el que sufro una experiencia inolvidable con la naturaleza más salvaje. Mientras estoy grabando tranquilamente en un riachuelo, al otro lado oigo como pasos de perro. Crujir de ramas. Más pasos y respiración fuerte. Lo que era un perrito en mi imaginación se convierte en un cerdo, luego en una vaca, luego un toro… hasta que me doy cuenta de que es una manada de jabalíes salvajes. El ruido que hacen es indescriptible y parecen muy enfadados. Enciendo la cámara y apunto al infinito por si aparecen. En estos momentos, uno es cuando descubre realmente lo valiente que es, y yo no debo ser mucho porque a la que veo un jabalí cruzando el río hacia mi, he salido corriendo y me he subido a un árbol. Desde allí he podido observar a una mamá-jabalí, y a sus cuatro hijos simpáticos. He pasado veinte minutos haciendo coreografías subiendo y bajando de árboles, hasta que me he dicho literalmente “alvarito, eres un cobarde, esto no es para ti, acéptalo, lo tuyo es jugar con las texturas de una ventana de madera vieja”. Así que me he bajado y se lo he contado a Raquel después de beberme un litro de agua. Mientras estás leyendo esto, Raquel seguramente sigue riendo de mis imitaciones de los ruidos de las fieras.

Volvemos a dormir a Redu y por la mañana, pido permiso para filmar a un restaurador de libros antiguos. El señor me abre las puertas del taller y me muestra pacientemente cada máquina y cada técnica. Me encanta verle manejar los libros con una mezcla de cariño y alta velocidad que acreditan su experiencia y pasión.

Después de una pequeña reunión con Raquel para decidir si tenemos suficiente material para editar una pieza de esta región, salimos hacia Gante, donde pasamos la tarde con Eline, una ex-chica-de-prácticas de dzero. Mañana viajamos a Holanda.

















