Catedrales junto al mar que no vimos la otra vez
El destino quiere traernos hasta aquí, hasta la Playa de las Catedrales de Lugo, sin haberlo decidido, al igual que hace tres años, pero ahora somos libres.
Sr. Caracol
Se acerca el frío, ha empezado el otoño, los cambios horarios nos quitan horas de luz… cogemos la autocaravana y nos lanzamos a la carretera dirección el norte de Galicia, nuestra gran desconocida. Llegamos a Alfoz, pequeña población de interior y pasamos la noche en el castillo del Castro do Ouro. Allí, totalmente solos, y acompañados como tantas otras veces por los difuntos de un cementerio cercano, oímos correr el viento entre los árboles y las piedras de este bello lugar que antaño fue una población castreña.


Coque y yo salimos a pasear por los alrededores del castillo y la iglesia. Las vistas desde aquí son especiales, y el tipo de luz me avisa de que el invierno está llegando. El can descubre un auténtico Mesón medieval, así que me tomo la libertad de prepararle un festín de “trozos de carne en salsa”, que le encantan!
Levantamos el campamento y tomamos una pequeña carretera que une Alfoz con Foz, preciosa y llena de rincones para fotografiar y perderse. Al llegar a la costa, Raquel y yo nos damos cuenta que aquí ya hemos estado. Sí, la primera vez que vine a Galicia a visitarla, cuando lo nuestro aún era una pequeña aventura que estaba condenada a terminar por culpa de esa distancia que ahora ha desaparecido para siempre. PARA SIEMPRE. Nos encanta haber acabado aquí sin haberlo decidido, mañana nuestro pequeño cumple su primer mes de vida y no podríamos estar en un lugar mejor para celebrarlo… miento, las Gorges du Tarn serían unas buenas candidatas.
Paseamos junto al mar, y descubrimos que estamos, efectivamente en “la playa de las catedrales”, un lugar conocido e indicado por señales, pero que la anterior vez omitimos, preocupados como estábamos por aprovechar cada instante juntos. Es tarde y las nubes se tiñen de azul oscuro, aprovechamos hasta el último instante de luz para pasear antes de preparar la cena. Antes de acostarnos salgo a tomar algunas imágenes nocturnas de larga exposición.


El sol entra por la ventana y asomo la cabeza entre las cortinas. La escena es preciosa y tan distinta a la imagen de anoche! Me cuesta superar la pereza, pero lo consigo. Cojo a Coque y salgo a pasear por los acantilados. Creo estar en Escocia, en las Highlands, o en Irlanda… en cualquier lugar de los que suelen compararse a Galicia. Juego con el can y le hago montones de fotografías, el pobre ya ha aprendido a posar para mí y parece entender lo que estoy haciendo. Volvemos para preparar el desayuno, como siempre con zumo de naranja, tostadas, café…





Estamos felices de dejar este lugar habiéndolo conocido un poco más, y sabiendo que ahora nos conocemos un poco más a nosotros mismos, y además somos una familia.













Em deixes plorant de felicitat.
una playa preciosaa, de los lugares mas bonitos que he visitado.
El destino ha querido que me encontrara con este blog maravilloso…Las Catedrales es un lugar mágico!
gracias mari! ya sabes, esta es tu casa, vuelve cuando quieras…